Es una duda muy habitual: «¿el pasaporte no es lo que ya pongo en la etiqueta?». No exactamente. Conviene tener clara la diferencia para no duplicar trabajo ni quedarte corto.
La etiqueta física: útil pero limitada
La etiqueta de composición cumple una función concreta y obligatoria (indicar fibras, tallas, cuidados), pero es estática: cabe poco, no se actualiza y no es verificable a distancia. Sirve para el punto de venta, no para dar trazabilidad completa.
El Pasaporte Digital de Producto: dinámico y estructurado
El DPP, definido por el Reglamento (UE) 2024/1781, es un registro digital estructurado y actualizable al que se accede mediante un identificador —normalmente un QR—. A diferencia de la etiqueta, puede contener materiales detallados, origen, contenido reciclado, reparabilidad y fin de vida, y puede corregirse si un dato cambia.
Y tampoco es un QR de marketing
Muchas marcas ya ponen QR que llevan a un vídeo o a la web. Eso no es un DPP. El pasaporte tiene que ofrecer información de producto fiable y en un formato interoperable, no una campaña. Reutilizar el hábito del QR está bien; el contenido al que apunta es lo que cambia.
Cómo conviven
No sustituye a la etiqueta: la complementa. Seguirás poniendo la etiqueta de composición donde toca, y añadirás el QR que abre el pasaporte. Lo ideal es que ambos partan de los mismos datos maestros de producto, para no mantener dos verdades distintas.
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